Cada quien hace de su culo lo que le venga en ganas, un candelero, un florero, o un regadero; no soy quien para juzgar, porque la porquería del placer no es ajeno a ningún mortal. Lo de mujer casta, dejémoselos exclusivamente a la virgen María, porque vaya usted a creer el voto de castidad de las monjas con la abundancia de curas degenerados que andan por ahí.
Si vamos a hablar de las mujeres adictas al placer constante, tenemos que hablar de dos grandes grupos, LAS PERRAS y LAS PUTAS. En la sociedad capitalista que vivimos debes comprender el negocio altamente rentable de nuestras amigas las Putas; son mujeres empresarias, con visión de mercado clara, y con una retribución exacta entre el placer y el dinero. Tan sencillo como que ellas ofrecen servicios, y sus clientes cancelan sumas de dinero por los mismos, relaciones meramente mercantiles. Más allá de todo eso, no hay nada. La puta es una mujer racional, que sabe diferenciar el sexo, el dinero y el amor, algo que a decir verdad pocas mujeres sabemos hacer. Mire usted cuantas bobas andan por ahí llorando al hombre que la sedujo por una sola noche en la cama.
La empresa de la putas, va en ellas misma, invierten en gimnasio, en el tratamiento de cabello, y por supuesto en la ropita Studio F con sobredosis de brillante, sobredosis de su luz. Las utilidades se duplican cuando el mercado se reduce a sus amigos los traqueteos, los viejos verdes, y los jovencitos desvirgados por ellas mismas, que gastan su mesadas en sus altas tarifas. A pesar de ser uno de los oficios más antiguos, la visión de las putas en la actualidad no dejar de ser emprendedora.
Ahora bien, del otro lado y con una visión completamente decadente, encontramos a nuestras amigas las PERRAS, esas que abundan en el trabajo, la escuela, y hasta en la familia. Estas mujercilla, se aferran a los placeres más bajos sin visión empresarial, están con uno, con el otro, quitan novios, maridos y entre ella mismas sus amantes. Sus inversiones son pocas, porque sus atuendos son de mujeres respetadas, cultas y hasta educadas, algunas son evangélicas, otras distinguidas jueces de la República y otras profesoras. En fin asolapadas y reprimidas, que a la primera verga que ven, le van abriendo las piernas.
Este último tipo de mujeres son desleales, irracionales, traicioneras, perversas y egoístas por naturaleza. A más de un hombre idiota he visto llorar por esta mujerzuelas, a más de un hombre imbécil he visto jurarle amor eterno en una iglesia, creyendo fielmente en el disfraz de mansas, buenas y bondadosas.
A las putas, mis respeto por hacer crecer la economía y la tasa de empleo de este puerco país. A las perras, no me quedan más que decirles, ¡Desmovilícense, convierta sus habilidades en un verdadero negocio!