lunes, 23 de abril de 2012

Para ti, mi fiel cariño.


No voy hablar de ti porque no hago otra cosa que vivirte.

Mi rudeza se desvanece cuando te tengo en mis manos.

Soy vulnerable, soy mansa, es mi alma la que contesta a tus caricias.

Dos mundos, un tercero y cuatro de tus personajes liberan mis ataduras.

La elegancia, la sobriedad y la acidez con que me hablas hacen eco en mi memoria.

Si la fidelidad no está en mi vida, frente a ti yo la construyo.

Te guardo entre mi pecho, y te bendigo ante ese Dios que nunca he visto, con la esperanza de que no te acabes para que seas eternamente mío.

Soy la única que puede manosearte y dibujarte.

La que raya su ignorancia sobre las palabras que me entregas.

Te toco y te siento, te miro y te imagino.

Te sueño y me trastorno.

Busco mil pretextos para hablar de ti.

Muchos ya no me escuchan, pero ellos no conocen de tu bondad.

No me importa, porque a la hora de compartirte no me nacen buenos sentimientos.

Sé que esta locura con la cual escribo es obra tuya.

Mis palabras son prestadas, todas te las debo a ti.

Ante tus hojas me hinco; a tus frases y a tu mundo me entrego.

Este amor desenfrenado es solo para ti, mi amado LIBRO.

jueves, 5 de abril de 2012

AUSENCIAS

Querido señor de nombres extraños, sus ausencias siguen golpeando fuerte mi puerta para recordarle, han perturbado mi rutina, mis pasiones y esa extraña sensación de lo ya amado. He perdido la cabeza, o el corazón, no lo sé, aún está ahí y en lo profundo de su mente sé que esculca estas letras. Aquí se las dejo mí amado, señor:
Eternamente faltaran las palabras nunca dichas
y mis inertes y tercas manos aún intentan escribirlas.
Sigo buscando el rostro que mostrabas al espejo durante el alba.
Creeré siempre en el vigor de nuestros cuerpos
desnudos, cálidos y afables.
Te siento a mi lado, si bien hace mucho has dejado de estarlo.
Dibujo tu rostro en mis escuálidos sueños que no proponen temas diferentes a ti.
La melancolía se instaló en mi habitación para ejercer sus desgracias
y soledad ha empezado a quererme, sin saber que no estás tú.
Amándote siempre,
Eva