martes, 20 de noviembre de 2012


No soy la que se persigna cuando ordena el Padre, Él que no tiene hijos.
No dejaría el café por el elegante té que toman las tías.
No sé cocinar ni tender la cama. No bordo, no rezo, ni uso tacón.
No soy el gesto fingido que me da tu madre para agradarte.
No camino despacio para demostrar finura.
No sonrío sin motivo ni digo te quiero para disculparme.
No escribiré cartas ni despediré las mimas mandándote besos.
No suelo peinarme y tampoco soy virgen.
Soy la que tienes encima dirigiendo libre tus gemir armónico.
Soy tan poco de lo que buscabas, mucho de lo que querías.