Los murmuros del silencio sobre tu
fatal ausencia ya tomaron de mi tiempo.
Acabaste mis pasiones y esos miedos
imperfectos que yacían.
Volví a creer sin prueba alguna en tu escuálida
retorica.
Las palabras que llegaron ya se
fueron, y el silencio vuelve a tararear.
La soledad, un recuerdo y mi cariño,
se sientan a la mesa.
Desde que te fuiste la sirvo para
tres,
tres platos, dos ausencias y mi boca,
tragando a bocanadas la melancolía.
Donde estás, estas aquí.
En los periódicos viejos que arrumaste
por dos años en el cajón.
En la foto de tus padres ya marchita,
en esa vieja receta de sabor intermitente.
Estas aquí, sentado allá,
junto a ella, que no sabe que
prefieres el café a media taza
y un beso tibio en la frente al
despertar.