Querido señor de nombres extraños, sus ausencias siguen golpeando fuerte mi puerta para recordarle, han perturbado mi rutina, mis pasiones y esa extraña sensación de lo ya amado. He perdido la cabeza, o el corazón, no lo sé, aún está ahí y en lo profundo de su mente sé que esculca estas letras. Aquí se las dejo mí amado, señor:
Eternamente faltaran las palabras nunca dichas
y mis inertes y tercas manos aún intentan escribirlas.
Sigo buscando el rostro que mostrabas al espejo durante el alba.
Creeré siempre en el vigor de nuestros cuerpos
desnudos, cálidos y afables.
Te siento a mi lado, si bien hace mucho has dejado de estarlo.
Dibujo tu rostro en mis escuálidos sueños que no proponen temas diferentes a ti.
La melancolía se instaló en mi habitación para ejercer sus desgracias
y soledad ha empezado a quererme, sin saber que no estás tú.
Amándote siempre,
Eva
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